Mostrando entradas con la etiqueta Lenguaje. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lenguaje. Mostrar todas las entradas

Ciencia instrumental o ciencia consciencia

Previa

La historia sigue sucediendo y aún continuamos recreando el pasado, o más bien, creándolo. El tiempo tal como nos lo enseñaron es una caja de sorpresas que no acabamos por comprender porque está basado en ideas hipotéticas y racionamientos que solo satisfacen la búsqueda de objetivos no de verdades. La racionalidad, el afán de revelar lo objetivo de la realidad, es la base de una educación invasiva que forma soldados para la competencia y la hostilidad. Por lo que no es suficiente tener la razón, hasta un imbécil puede ser racional sin embargo se requiere de cierta capacidad para poder destacar tus razones que por lo general no tiene que ver con la razón. Es como quien te enseña algo para ocultarte lo otro, un mago que pone tu mente en algo interesante para aprovechar la distracción y realizar una acción más allá de tu percepción. 

La escuela es un laboratorio de animales domésticos que han desarrollado una dualidad entre su forma de pensar y su actuar. La teoría del conocimiento, la forma de conocer las cosas, es un juego distorsionado, una incapacidad de conciliar los elementos del conjunto pero si de diferenciarlos, dividirlos. 


Hay una ciencia detrás de las ciencias y estudia las maneras del miedo. 

La ciencia de hoy nos demuestra que no es suficiente la relación del conocimiento entre sujeto y objeto. Porque el objeto no existe, es una hipótesis, una proyección de la mente, por lo que la realidad nunca va a satisfacer los deseos de conocimiento de quien lleva el prejuicio de sujeto. Sujeto a qué, a quién, y cómo?

Sujetos a los programas de formación y contenidos falsos promoviendo una falsa ciencia para la sociedad, una teoría del conocimiento del miedo y del odio a lo diferente. Un ser humano sujeto a las predeterminaciones de leyes basadas en especulaciones o fines de manipulación de la consciencia humana. 


VISIÓN ALTERNATIVA / REVISIÓN DE LA CIENCIA

Los números crecen en espiral. La natural disposición de los términos se ha desdibujado del tablero de la educación. 



¿Para qué sirve escribir? / Notas

Me tiento, no sé qué animal me murmura ahora, 
por dentro, por eso escribo.



Es inevitable para mí ver detrás de esta pregunta la resonancia de unas viejas palabras de Chuang-Tzu al dar respuesta a una desafiante opinión de Hui-Tzu: "Sólo los que conocen el valor de lo inútil pueden hablar de lo que es útil." Entiendo el motivo de la inutilidad para el caso de la escritura, en el sentido práctico no se pueden hacer muchas promesas para cualquier efecto que se tenga como objetivo. La labor se va encargando de aniquilar las expectativas, el fracaso se va convirtiendo en un tema obsesivo y contemporáneo (sin miedo), la experiencia con las palabras te va moviendo hacia los márgenes del mundo, el asombro te detiene a observar en otra velocidad los acontecimientos, te encuentras en sensaciones y la conciencia día a día va sopesando especulaciones. La desbordante tinta del error intensifica la disposición de tu espíritu hacia la apertura, te inicias siempre en la vivencia, te vas despertando en una pasión que te entrega intensamente al infinito asombro infantil.


¡Nunca vas a terminar de aprender a escribir, no hay meta, sigue mirando el mundo que no se detiene!

La escritura es un ejercicio espiritual, te relaciona con las especies, día a día la vida te va dando palabras para expresar la experiencia, tu estar en el instante. Así, la conciencia de la palabra exige, más que el rigor de la disciplina, la presencia continua de tus sentidos, la escucha constante, el no negarse a aprender a recibir las palabras, el hacerlas tacto y trazo profundo en tu silencio. 

La escritura no sirve para servir, no se satisface en las definiciones de academia y confort, hay que salir a la calle a poner un pie delante del miedo, dejar surgir la fuerza para habitar todas las esquinas sin geografía, arribar montañas, cruzar océanos, superar líneas y transversales, delirar con las deformes luces del cielo, acomodar el mundo en el cuerpo con cada dolor. 

Algunos se aferran a su desgarramiento ante los contrastes del espíritu del arte y las maneras en que el mundo se va definiendo en sus formas. Sin embargo, el drama del artista se revela en tanto como un estilo para expresar el espíritu de una existencia sensible al mundo. Estos rasgos se manifiestan como salto después del límite, como lanzarse contra la tela ancha y blanca del universo, explotando con la sangre de tinta en colores, haciendo el sentido de la vida y la expresión furiosa de nuestro tránsito. La palabra irá por el cuerpo y llevará cada pulso sin detenerse en los bordes de la piel, es pan de comunión, de encuentros. 

¿Para qué sirve escribir? Para nada, porque no hay respuesta ni medida alguna que descifre una naturaleza única del espíritu que se entrega a la palabra, solo sabemos que se bifurca incesante la meditación de cada ser sobre las extensas sombras de luz en el cielo, no hay respuesta conforme a la utilidad ni a la virtud, solo la pasión y su libre acción hacen entre papel y lápiz el jugo de la imaginación, la sed inacabable por la expresión. 

Sin embargo, para abolir la reflexión radical, atiéndase aquí que el sentido práctico es posterior al sentido espiritual, así, de manera concordante y asociativa, la sensibilidad es la raíz de todo espíritu y en ello la labor de las palabras nos hace caminos desde dentro.



Ricardo Barrios Tejeda, Notas. 




Diario de escuela: el cuerpo (2)

El espacio se piensa, el cuerpo se vive y se siente. Pero no hay espacio sin cuerpo, ni cuerpo sin espacio. Es decir, para que el cuerpo sea tiene que moverse haciendo espacios, las sensaciones también son físicas y construyen los significados del espacio. El cuerpo es una realidad potente y es amenaza (por prejuicio) para toda prescripción rectora del orden. Pero no es definitiva la oposición entre orden y cuerpo. El cuerpo también tiene un orden en sus potencias, es simple y natural: el movimiento. Esto puede parecer carente de profundidad y contradictorio en principio, pero nada más ambiguo y contradictorio que la mente humana que lee en el movimiento desorden y reacciona con miedo para evitar el cambio. 

En el cuerpo se realizan todos los significados móviles, pero no la palabra fija o absoluta porque el cuerpo no es eterno. La escuela reproduce palabras fijas y absolutas, inmóviles, indiferentes a la realidad corporal, y se imponen estas palabras absolutas a través de dinámicas violentas que confunden el pensamiento del estudiante. Las escuelas que se edifican e institucionalizan en el seno de una región que legitima su historia colonial reproducen valores absolutos que condenan toda realidad corporal, limitando la exploración de los sentidos: oído, tacto, gusto, olfato, vista. Una formación integral no es posible si el cuerpo está subordinado a los ideales que reglamentan e instruyen solamente a la mente. Donde la mente construye imperios el cuerpo, olvidado, se hace sombras y tinieblas, entonces emergen los fantasmas de la conciencia que por muchos siglos han trastornado la vida de los seres humanos. La sobrevaloración de la mente separa y toda separación fragmenta el conocimiento, así se limita la razón ante el sentir. 

Nuestro cuerpo ocurre para los otros cuando expresamos las palabras que se dicen con sensación. La educación debe concentrar sus palabras también en las experiencias del cuerpo: la risa, la alegría, la burla, la mueca, el grito, el silencio. Cada gesto es una situación cargada de significados y la búsqueda de acercamiento con el otro, si la escuela no dedica su labor a la realización de la realidad corporal las aulas de clases serán territorios de beligerancia y menosprecio por los sentimientos y valores de cada persona. Una educación que empiece a reflexionar desde y con todo el cuerpo será la carta de navegación para reconstruir un nosotros con los otros, preciso la idea así: si nuestro cuerpo no tiene la oportunidad de realizarse plenamente no podremos involucrarnos sanamente con la comunidad de seres con quienes interactuamos en los espacios cotidianos.

Diario de escuela: el cuerpo (2) / Ricardo Barrios T.





Nota a un lector

Las palabras no son un círculo, no son una forma definitiva. En nuestro lenguaje hemos explicado al movimiento fijando puntos, determinando una única luz para alumbrar nuestras páginas más íntimas. Y más allá de esa luz única el desorden fantástico de lo indecible. Nuestra consciencia no logra desbordar sus límites de luz, insiste en mantener la división y la razón diferencial. En los cadáveres de nuestro cielo reposa todavía la nostalgia de una estatua absoluta de orden y eternidad que señale con su dedo lo que es Uno y lo que es Otro. Toda erección imperial se autojustifica como único símbolo y entrona sus valores violentando lo que se opone, lo que queda en alteridad. Suponemos que excluir solo hiere a quien se le determina como diferente y marginal pero toda separación engendra preguntas, tensiones y conflictos. Pues, mirarse en el otro es ver que no sólo se realiza la vida humana con la dualidad del relato diferencial de la razón y el logos imperial, más se aprende cuando los ojos no ven fragmentación ni diferenciación sino totalidad. La comunión sugiere la visión dispuesta a no diferenciar, a la no exclusividad de lo Uno. Nunca se realizará la vida humana de otra manera, acaso en comunión, si no se abandona la exaltación por lo Uno, pues, lo Uno nos premia en la individualidad pero cuando nos alejamos como elemento único se marchita nuestro corazón por la ausencia de los sentimientos de fraternidad y encuentro familiar con la totalidad de seres vivos. Las filosofías que han sido estimuladas al reconocer los límites de nuestra conciencia aspiran a una intensa pasión que supere la inmovilidad de sus propios principios, renunciando a los valores fijos de todo sistema de ideas e insistiendo en la emergencia de ampliar sus propósitos en el puro movimiento vivo y orgánico de las visiones y observaciones de la realidad.

(Para un prólogo...) 


Las palabras mayores vienen de bocas antiguas. Las palabras menores están en los libros.