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¿Para qué sirve escribir? / Notas

Me tiento, no sé qué animal me murmura ahora, 
por dentro, por eso escribo.



Es inevitable para mí ver detrás de esta pregunta la resonancia de unas viejas palabras de Chuang-Tzu al dar respuesta a una desafiante opinión de Hui-Tzu: "Sólo los que conocen el valor de lo inútil pueden hablar de lo que es útil." Entiendo el motivo de la inutilidad para el caso de la escritura, en el sentido práctico no se pueden hacer muchas promesas para cualquier efecto que se tenga como objetivo. La labor se va encargando de aniquilar las expectativas, el fracaso se va convirtiendo en un tema obsesivo y contemporáneo (sin miedo), la experiencia con las palabras te va moviendo hacia los márgenes del mundo, el asombro te detiene a observar en otra velocidad los acontecimientos, te encuentras en sensaciones y la conciencia día a día va sopesando especulaciones. La desbordante tinta del error intensifica la disposición de tu espíritu hacia la apertura, te inicias siempre en la vivencia, te vas despertando en una pasión que te entrega intensamente al infinito asombro infantil.


¡Nunca vas a terminar de aprender a escribir, no hay meta, sigue mirando el mundo que no se detiene!

La escritura es un ejercicio espiritual, te relaciona con las especies, día a día la vida te va dando palabras para expresar la experiencia, tu estar en el instante. Así, la conciencia de la palabra exige, más que el rigor de la disciplina, la presencia continua de tus sentidos, la escucha constante, el no negarse a aprender a recibir las palabras, el hacerlas tacto y trazo profundo en tu silencio. 

La escritura no sirve para servir, no se satisface en las definiciones de academia y confort, hay que salir a la calle a poner un pie delante del miedo, dejar surgir la fuerza para habitar todas las esquinas sin geografía, arribar montañas, cruzar océanos, superar líneas y transversales, delirar con las deformes luces del cielo, acomodar el mundo en el cuerpo con cada dolor. 

Algunos se aferran a su desgarramiento ante los contrastes del espíritu del arte y las maneras en que el mundo se va definiendo en sus formas. Sin embargo, el drama del artista se revela en tanto como un estilo para expresar el espíritu de una existencia sensible al mundo. Estos rasgos se manifiestan como salto después del límite, como lanzarse contra la tela ancha y blanca del universo, explotando con la sangre de tinta en colores, haciendo el sentido de la vida y la expresión furiosa de nuestro tránsito. La palabra irá por el cuerpo y llevará cada pulso sin detenerse en los bordes de la piel, es pan de comunión, de encuentros. 

¿Para qué sirve escribir? Para nada, porque no hay respuesta ni medida alguna que descifre una naturaleza única del espíritu que se entrega a la palabra, solo sabemos que se bifurca incesante la meditación de cada ser sobre las extensas sombras de luz en el cielo, no hay respuesta conforme a la utilidad ni a la virtud, solo la pasión y su libre acción hacen entre papel y lápiz el jugo de la imaginación, la sed inacabable por la expresión. 

Sin embargo, para abolir la reflexión radical, atiéndase aquí que el sentido práctico es posterior al sentido espiritual, así, de manera concordante y asociativa, la sensibilidad es la raíz de todo espíritu y en ello la labor de las palabras nos hace caminos desde dentro.



Ricardo Barrios Tejeda, Notas. 




El amor sin forma: perspectivas.

El amor no es un tema, pero se comenta como tema, se vive como idea, se posee como objeto y se confunde con el miedo. Se ama sin temor, si se teme es porque no nos conocemos desde adentro. Muchísima literatura ha dado al traste con el tema, porque siempre hemos tenido motivos para querer descubrir el amor y resolver esos “misterios” que le atribuyen. Pero el amor no se cierra como misterio, en cambio nos sucede como descubrimiento, sensación de vida, aprendizaje, más bien el misterio es la pupila del otro, es decir: ¿cómo nos mira aquella persona que decimos amar?

La locura o el desenfreno no le son esenciales porque el amor no tiene esencia ni forma. Se ha hecho ciencia en su nombre, luchas sociales, búsquedas colectivas y hasta planes egoístas y destructivos, siempre todos los actos según la perspectiva de quien lo experimenta. Se dice que es una debilidad, que el corazón es débil y que nos disminuimos en su fiebre, pero el cuerpo dice que el corazón hace pálpito y pulso de energía que viaja hasta el cerebro y da electricidad para que se muevan las neuronas. Siempre se seguirá diciendo en sus miles de nombres o en sus silencios. 

Para compartir lo aprendido, a continuación se exponen unas perspectivas sin pretensión de formas definitivas ni conclusiones, aquí no se ha meditado para concluir sino para ir en la movilidad de la vida. 


1
El amor no se hace, se descubre, se aprende, se siente, se libera.


2.
BUSCAR siempre nos agota y cuando nos agotamos se pierde fuerza para vivir y en el desasosiego evadimos la realidad con los vicios que nos contaminan. APRENDER nos reconforta y apasiona, nos relaciona con la vida no con un solo ser.


3.
El deseo busca definir su objeto, así posee. Y cuando se siente que el objeto no se puede definir-dominar, entonces, el deseo nos agota y se expone el ego con sus dramas. 


4.
Definir el amor es negarlo, es condenarlo a la inmovilidad y a la manía de los programas de estudio científico: hablar de la vida con palabras muertas. 


5.
El amor no tiene pasado ni futuro, viaja a todas partes libre de tiempo, como energía sucesiva. 


6.
Desde la mente se definen los sentimientos, el amor no se divide y para verlo hay que aprender a ver sin fragmentar la realidad. 


7. 
Todo lo que sentimos que nos transforma es nuestra verdad y se hace conocimiento cuando se comparte y transforma a los demás. 


8.
Una mano no descubrirá el tacto del mundo si no se acaricia también a sí misma. 


9. 
No se ama por la belleza sino por el tacto. La belleza es solo una perspectiva desde la distancia. 


10. 
El amor adentro, desde la raíz, hasta nutrir todas las ramas, hasta ser sintiendo y extender tu biología en fruto, en vida, en saber. 


11.
El amor romántico ama la belleza y se envuelve en sus dramas, se acomoda en la ceguera (distorsión de la realidad) para no perder el delirio mental. 


12. 
El amor no es una idea, ni una palabra, ocurre en el cuerpo y se mira en silencio.


13. 
Todos los días son de sentir y en la conciencia de ello se nos va revelando la vida. 


14.
Se ama como se vive, si la vida pesa el amor también. 


15.
El corazón es el músculo más fuerte, es móvil, es el músculo generando la energía para la vida. 


16. 
El cuerpo es la poética del conocimiento de la vida, en su vibración están todos los versos del amor.


Ricardo Barrios Tejeda / Notas





Entre luciérnagas y lámparas. Apuntes sobre los terrenos del conocimiento.

Se cree que no hay conocimiento en la palabra nosotros y que en la palabra sujeto está la promesa de una verdad.




Una lámpara se pierde en las sombras y deja sus maneras cuando ya no se extiende con su fuego para luz. La luz es física pero espiritualmente la luz está más en sus temperaturas (temperamentos), una lectura viva sobre el universo podría asociar las dos visiones si hay conciencia de ampliar las limitaciones construidas por las categorías. Tanto física como espiritualidad o lo que hemos sintetizado en occidente como “metafísica” no tienen propósitos opuestos. La auténtica manifestación metafísica tendría siempre que realizarse en el valor corporal de lo inmanente, lo terrestre. La metafísica se hace turbia en la supervisión que se hace desde las eminencias que prescriben o controlan las expresiones espirituales de libertad. 

Los seres humanos no saben distribuir bienes cuando aprenden nada más que a realizarse como seres individuales y fragmentados, los limita su ilusoria autonomía que no es más que una individualidad que se dedica a la competición por obtener bienestar material inmediato. Para una figura humana individual no hay razón suficiente para repartir los bienes y la tierra, no ve ninguna realización positiva para el desarrollo en las actividades ancestrales que cuidan la tierra y sus diversidades, no tiene otro aprendizaje que objetivizar todo e instrumentalizarlo, tampoco aprendió la tierra como ser vivo sino como un objeto que por deber ser tiene que ser usado e industrializado para hacer concreto el desarrollo económico. Aquí la metafísica parece no lograr intervenir pero sí condiciona, la lectura tiene que hacerse, sugiero, desde las formas que asume el conocimiento científico e institucional y la indiferencia ante las visiones de las otredades que son comunidades de conocimiento vivo asociado con el entorno y la totalidad de la naturaleza. 

¿Cómo el investigador de ciencias sociales podría vincular dos tradiciones en las que una de ellas se ha esforzado por lograr la legitimidad absoluta y para siempre, y la otra, se niega a la violencia pero quiere proteger el territorio y sus diversidades? Responder parece ser una decisión que implica una visión más amplia de la realidad científica y humana, relacionando en esa visión programas como la política, la antropología, la lingüística, la sociología, la geografía, la historia, la filosofía y los estudios de las artes, entre otros. La relación implicaría también a las ciencias con programas diferenciados como la física, la química, la cosmología (que es la primera metafísica). Occidente tiene que juntar sus pedazos, superar la relatividad y dejar de pensar el mundo con la fragmentación del conocimiento. 

La formación intelectual debe proponerse, para la salud humana, integrar saberes, las ciencias sociales lo están haciendo, las investigaciones tienen gestos de integración y eso ha permitido llevar la relatividad a otra sustancia más soluble. Por ejemplo, el pensamiento complejo fue declaración de un momento en que había que anunciarlo: -¡las teorías pueden asociarse! -. La relatividad hace fisuras en nuestras comunidades de conocimiento y se ha naturalizado como una realidad necesaria e inexorable, pero eso puede ser visto, por los críticos de hoy, como un acto irresponsable o una salida demasiado facilista: todo es relativo. El método nunca es suficiente, si el método no logra medir una realidad no es porque la realidad sea necesariamente relativa, la fe en el método y su rigor limita la mirada, toda ciencia en la búsqueda de su legitimación procuró definir siempre una mirada dirigida, alineada a unos propósitos para ser auténtica, sin embargo, teniendo acceso a las grandes bibliotecas podemos comentar algunos casos de relación en los distintos saberes, sobre todos los puntos de encuentro entre la biología y la fenomenología de la religión o la más evidente, la filosofía “antigua” y la política. 

La relatividad se institucionaliza sin problemas, se naturaliza en las investigaciones y se produce un conocimiento limitado, recortado y fragmentado de la realidad para que la humanidad se mantenga en la plena conciencia de que la realidad está fragmentada y que lo único posible para nuestro bienestar es la individualidad y la competencia que sin darnos cuenta todos se impone como forma de vida creado por el sistema mundo económico. 

La lámpara no es una luz natural, las luciérnagas se mueven en la noche con su pedacitos de sol bajo las alas, en las instituciones y comunidades de conocimiento eso no es suficiente para el asombro o la revitalización de los valores de la naturaleza, aún se sigue soñando con que las lámparas nunca se apaguen así sea que su luz artificial no nos permitan ver las abundantes estrellas. 

Seguimos con la mirada dirigida hacia el conocimiento industrial, ¿cómo cambiar nuestra forma de aprender nuestro entorno, sus símbolos, sus significados y su condición ancestral?


Ricardo Barrios Tejeda




Arquitectura: reconstruir el espacio público. / Notas (7)


El espacio público en el siglo XXI es un tema tibio para la arquitectura moderna, pues está el arte para los negocios y el arte para la comunidad. El arte para los negocios es bello por su apariencia pero no tiene base espiritual y no construye tejido humano. Existe la arquitectura sugestiva para la estética y la utilidad, puro deslumbramiento y dramatismo arquitectónico. Pero yo sueño algo menos personal, más comunitario, la construcción arquitectónica de los espacios de reunión y reconstrucción habitacional para la nueva humanidad. Uno debe volver a pensar que la arquitectura prolonga nuestro cuerpo para mantener naturaleza y técnica siempre en armonía, que la construcción no aniquile la naturaleza sino que se re-signifique con la naturaleza. La búsqueda está concentrada en una disolución de lo sólido absoluto, de mayor fuerza con menor peso, y el escandaloso deseo de una casa útil por sí misma para que al hombre le quede más tiempo para aburrirse y ocultarse en sí mismo, su vacío. La arquitectura debe pensarse desde el cuerpo, el medio ambiente y sus climas diversos, porque un cuerpo no necesita solo protegerse del calor y del frío sino también del exceso de artefactos dañinos para la salud. Uno construye como sueña el mundo, y si no se sueña en comunidad la construcción solo será una estatua personal que favorece a la típica voluntad histórica de un rector de la sociedad. No necesitamos líderes, necesitamos amigos que se reúnan para hablar de nuestras nuevas formas de habitar el mundo.


Pero sigo con el diseño de mis sueños, pienso en una arquitectura más biológica que industrial. No quiero reproducir la modernización para contaminar la ciudad sino que pienso que la comunidad debe ayudar a recuperar los espacios públicos para resolver el conflicto entre los habitantes de la casa y del barrio, porque arquitectura no es solamente hablar de arte e ingeniería en cuatro paredes sino hablar con los habitantes y preguntarles: ¿Qué vamos a construir concretamente? 


Notas / Ricardo Barrios T.


Filosofía, sentido común. / Notas (6)

La filosofía es, inevitablemente, desbordante. Aborda para desbordar, y viceversa. Se construye y se desarma, a veces en renuncias o en entregas, pero aún así no se define todo su ejercicio. Para pensadores formados lejos de la vida popular, el pensamiento filosófico se construye en el desbordamiento del sentido común. Y esta filosofía se marca en la realización personal de la reflexión y el análisis metodológico, pretendiendo la búsqueda de superación de lo inmediato para reposar la agitación de la movilidad vital y lo que trae consigo: la condición inesperada e inestable de la vida gregaria.

Pero, sin exigir la diferencia para su legitimidad, la filosofía que aparece como otra, como crítica, más allá de los ejercicios de escritorio y de los claustros, sucede como el desbordamiento del sentido que rompe los límites del análisis y del método haciendo camino hacia una búsqueda fantástica y poco legítima para el doctorado pensante. Dicho en otras palabras, la filosofía juega desbordando el sentido común, no para aniquilarlo como significado sino para descifrarlo como sentido simbólico. El sentido común es la fijación sintetizada de algo cifrado y que en su develación expone, sin perturbación, una situación vital de amplio significado. 

Cuando el ejercicio filosófico aniquila los significados del sentido común solo le queda apostar a la perfección del método de análisis, y alejarse del saber popular. El sentido común guarda siempre alguna potencia, ya sea un símbolo plural en el que se inscriben dos culturas o más y en él, en su devenir, se acentúa la hibridación de varias miradas trascendentales. El método no es suficiente en sí, depende de la cantidad de registros y la medida calculada de conceptos y características regulares que se puedan definir en un concepto determinado. El saber popular no construye métodos ni proyectos para registrar lo regular de un saber, es mucho más sencillo y accesible: para aprender hay que sentir y hacer. 

Todo territorio guarda en su raíz un amplio almacén simbólico que se significa con el hacer y el sentir de toda una comunidad: así se mantienen las tradiciones de saberes. Así, desde la identidad y la simbología que se cultiva desde el territorio de una comunidad se expresan los saberes ancestrales, con estas dinámicas se pueden comprender las características de los saberes que anteceden todo lo que, muchos siglos después, los registros históricos occidentales determinarían como filosofía y que con absoluta certeza se declararía que ésta se originaría en la tradición grecorromana (sic).  


El sentido común, el sentido simbólico, las significaciones que se realizan constantes en la comunidad, son innegables, no se pueden aniquilar en la búsqueda del conocimiento, porque los significados que adquieren su sentido en la comunidad se manifiestan desde un tejido sólido, desde un Nosotros. Precisa el filósofo entonces, en vez de esforzar su espíritu para superar lo inmediato, abandonar el absolutismo y la metodología de esta manera: desbordándose él mismo hacia la comunidad y sus significados.

Notas / Ricardo Barrios T.



La ciencia del sujeto industrial / Notas (4)

No es preciso pensar que los nuevos conceptos traerán explicaciones contundentes sobre una realidad que ocurre. De hecho no hay más en los conceptos que arbitrariedad y la realización de sus significados depende de las comunidades de hablantes de una lengua. Los académicos e investigadores no son quienes insertan en las comunidades los neologismos porque el lenguaje no es prescriptivo y los hablantes son, básicamente, espontáneos en sus expresiones.  Pero, existe el ejercicio de poner en escena nuevos conceptos para traer los hechos de la realidad viva al mundo de la academia. Pienso desde el dibujo de una realidad que nos está amenazando y en la urgencia de usar el lenguaje para denunciar toda maquinaria aniquilante de la libertad de los seres vivos, y no me doy al lenguaje por el típico afán de lograr un pensamiento definido, sino porque hay una realidad que se les escapa a los académicos y es precisamente la que explota día a día por fuera de sus conceptos científicos: la realidad de nosotros, de tú y yo, de ahora.

La palabra científica, sobrevalorada por los que carecen del uso de todos los sentidos para observar la realidad, es como la última dimensión desconectada de todo el vértigo de la vida diaria. Se cree que no hay conocimiento en la palabra nosotros y que sólo en la palabra sujeto está la promesa de una verdad.

¿Cómo escapa un investigador, productor y sobreproductor de teorías, a la trampa de la acumulación de información? Parece no haber otra alternativa, solo hay financiación para eso, hay políticas de estado que legitiman el “conocimiento” y la labor académica pero su legitimidad consiste en un formato que hasta ahora se concentra en la acumulación de información y manipulación de ésta. Esto es lo que ocurre: si un sistema quiere manejar a un país debe crear modos de vida excesivamente útiles tanto para la labor industrial como para la investigación y la empresa cultural, se legitiman formatos de investigación y se controlan sus alcances a través del sustrato económico que a su vez condiciona absolutamente las políticas del país que se encuentra en objetivo. Entonces, para pensar desde un problema sugiero esta pregunta: ¿Es la academia contundente en su labor para la estimulación de nuevas mentes o es una entidad condicionada económicamente para crear sujetos industriales y no sujetos intelectuales? Los estándares de una empresa no son muy diferentes de los estándares que les exigen a la academia. Por qué los docentes caen en la trampa si saben que el conocimiento real de los hechos de la vida y el mundo no necesitan un formato de legitimidad institucional. 

Y seguimos: ¿por qué calificamos a quien se está instruyendo o educando? Se califica y se desconoce que la estimulación de la competencia nos está haciendo frágiles para las relaciones con el prójimo. Están buscando sujetos calificados para que encajen en una empresa sin salirse del formato de la evaluación.
Investigación y academia, por su actual constitución, están sobrevalorados  porque desde sus campus las posibilidades de libertad y las oportunidades para vivir de otra manera el conocimiento son tan inviables que sólo queda la resignación o la confrontación so pena de descalificación en los espacios académicos y construir, en el mejor de los casos, reflexión desde espacios marginales.

La educación, la academia y la ciencia, no superan las metas trazadas en las misiones de su retórica, todo es ilusorio o y si es posible resolverse se hace concreto con los designios del factor monetario.  




La culpa / Notas (3)

El concepto de la culpa, además de regular y mantener la prescripción moral, nos ha convertido en seres incapaces para la convivencia comunitaria. Y nos hemos concentrado en esta forma conflictiva de la redención: el otro es mucho más culpable que yo. No es un mal menor pensar que yo soy tan culpable como el otro, porque la culpa no solamente regula sino que trastorna. Mirar sin culpa o mirarse en el otro es la tarea imposible para los miembros de una sociedad que se educa sobre los cimientos de la razón diferencial e instructiva. Un niño que señala a otro ha sido señalado antes por los adultos y manifiesta en muchos casos que los adultos han reproducido el acto de redención conflictivo: aliviar la culpa entregando la responsabilidad de mis actos al prójimo. 
Un adulto está instruido en su persona para cumplir como adulto racional: ser preciso en la justa medida de sus acciones, programar sus labores y ser contundente a la hora de resolver. Si fracasa es penalizado porque la instrucción le enseñó todo para ser responsable, pero, hay algo que siempre falta en la instrucción, no le enseñaron a amar lo que hace. Si alguien no sabe amar lo que hace ¿estará plenamente consciente de qué es lo que está haciendo o simplemente está cumpliendo con una responsabilidad ajena? Si la responsabilidad es ajena, impuesta, no es posible el apasionamiento por la labor que cumple, la conciencia de lo que hacemos depende de la pasión que tengamos por hacer la labor. El amor hacia una labor es precisamente la concientización de lo que se está haciendo y que realmente nace de la persona. La culpa no nace con la persona de manera natural, es parte de la instrucción escolar.  La instrucción la codifica y la configura un gobierno de fundamentos teológicos, se transmite el concepto de la culpa (a través de la escuela que es la directriz de la cultura) ligado a la fijación de la responsabilidad y el compromiso en la personalidad del instruido para que sea un sujeto funcional, un sujeto industrial, un empleado, pero no una persona viva o un ser real.

Escuela, iglesia y gobierno, son las empresas más potentes de toda sociedad, desde ellas se elabora un formato común y se entronan unos valores irrealizables, y la regulación que mide el alcance califica o señala a quien no puede encajar en los formatos comunes, se le declara culpable. 

Notas / Ricardo Barrios Tejeda


Sobre Freud y el psicoanálisis / Notas (2)

Freud buscaba exorcizar sus demonios y creó en su búsqueda el psicoanálisis. Tiene esto mucho de diagnóstico de un perfil mental, y tal es lo que ocurre con el padre del psicoanálisis porque logra crear una respuesta limitada (definitiva) a un espectro mucho más amplio que sus propios demonios. El psicoanálisis de Freud no ve sino fantasmas, proyecciones irregulares de la psique que brotan desde la realidad corporal y su conflicto con el espacio de realización orgánica. Freud no superó los juicios que se significaron para él, y para sus métodos de psicoanálisis, porque de sus juicios casi siempre la base fueron sus propios fantasmas y los de su época. El psicoanálisis no es fundado por una mente anónima integrada a la totalidad de las experiencias corporales, las sensaciones, sino que es pensado por un hombre que se pensó desvinculado de la vida en todas sus dimensiones y todos sus significados. Freud hizo de sus demonios y fantasmas la base de su ciencia. El psicoanálisis no tiene más que su realización en los límites de la visión en conflicto que tenemos del cuerpo en nuestras sociedades.

Muchos pensadores hicieron de sus métodos su visión de mundo porque creyeron tanto en el método que se limitaron a su construcción y a vivir del éxito de éste para responder a las preguntas más consientes tal como funciona un programa estable y determinado: con resultados, efectos o productos. La mente no se estudia a través de la programación de un método que busca, insaciablemente, un resultado, una verdad.  Si quien sobre la mente quiere tratar sus investigaciones y no se ha realizado en eventos de sensación corporal, tiene que encender más de una llama en su vida para que cada instante de claridad de la llama le permita observar cómo son sus sombras más grandes y donde empiezan los límites de su conciencia. Las sensaciones del cuerpo encienden llamas que siempre serán guías para contemplar nuestro interior. El sexo le mostró a Freud sus propios fantasmas, los límites de su conciencia, pero no llegó a encender la llama que le iba a mostrar el sexo como una sensación de liberación de los límites de la mente. 

Notas / Ricardo Barrios Tejeda


¿Política o ciencia? / Notas (1)

La objetividad es también un valor (inestable) que ha logrado su punto más alto con la realización política de algunos absolutos institucionales. Pero en el conocimiento, que supone la voz de distintas visiones, no se ha logrado la estabilidad definitiva del sentido de la objetividad. Su inestabilidad es desaprobada y se insiste en que tenga su realización más contundente, como las instituciones políticas que crean formatos de sociedad y limitan las reacciones de los que no se conciben en un único formato. La ciencia, para su lugar en el podio de las agendas políticas de países desarrollados, ha tenido que ir un poco a favor de la corriente y aferrarse a cierto tipo de determinismo. Esto no se asume ligeramente precisamente porque no es fácil desaferrarse de la seguridad institucional que ha logrado la ciencia. Más en detalle, porque ya lo anterior ha sido comunicado por distintos medios no institucionales, la objetividad es un repliegue de todo lo que ha ocurrido con la ciencia. Los intelectuales, para pensar por fuera de la cabeza del monarca, tuvieron que prometer que no desordenarían el reino ni al pueblo. Pero reflexionar apasionadamente nos mueve tanto que terminamos viendo más allá de los límites del reino y tenemos la tentación de compartir lo que reflexionamos. Pero, está el acuerdo con el monarca, y el intelectual no quiere que se condene la labor y prefiere mantener en buen puesto la ciencia de la reflexión para que la violencia del monarca no sea la que condene desde su ilusoria jerarquía. 
El monarca le teme al que reflexiona, por eso la mayoría de las sociedades aniquilan a quien quiere enseñarles. La ingenuidad puede encontrar la violencia e imponer un formato, pero la reflexión no cabe en un formato ni se mueve por la violencia. La objetividad de todo pensamiento siempre supone un registro conceptual competente y legítimo dentro de un área de estudio, eso lo valoramos como: ampliación en detalle del estudio. Y no es otra cosa que la limitación del método a un caso aún más particular, la necesidad de develar lo atómico. 
Lo que no dijo de manera definitiva Albert Einstein es demasiado significativo porque tiempo-espacio son relativos, y el átomo también. Si el átomo es relativo, y suponiendo que, de manera representacional, el átomo sea el sujeto que observa, habría que observar las características de todos los valores que ha logrado construir el sujeto pensante y la condición de relatividad de todos estos valores. Si el átomo es relativo la Historia ha estado describiendo nuestros acontecimientos humanos sobre una línea de tiempo tan ilusoria como limitada. El pensamiento científico y el sujeto son tan relativos como el tiempo-espacio.

La ciencia está concentrada en los hechos atómicos y supone así una ampliación de sus registros de conocimiento, es decir, acumula descripciones y explicaciones de hechos atómicos. Pero el conocimiento, privado por la monarquía y sus agendas políticas para la ciencia y la investigación, no puede toda su potencia porque tiene un acuerdo de no desorden con sus auxiliares: el estado y las empresas. Esta dinámica de acumulación de registros de conocimiento está sepultando lo que primordialmente (desde hace miles de años) significa conocimiento. Conocer no es acumular y así los profesores enseñan en la escuela: -La tierra mide, pesa, forma, dimensión. Pero jamás dicen que la tierra es un ser vivo. El formato y la regla limitan el conocimiento, es preciso entender que la norma es sólo la superficie de lo que es constantemente irregular, ¿cómo nos vamos a conocer a través de normas si somos en nuestra vida irregularidad constante?  

Notas / Ricardo Barrios Tejeda

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Las palabras mayores vienen de bocas antiguas. Las palabras menores están en los libros.